Nunca me deja de sorprender cómo existen grupos de amigos que se han conocido 'de toda la vida'. Han sido amigos veinte, treinta años. ¿Qué hace que se mantenga esa amistad? No sé, yo tengo amigos de mucho tiempo pero no son 'un grupo'.
Sin embargo, en mi calidad de 'científica social' he realizado uno que otro trabajo etnográfico y me mezclado con estos nativos. A partir de esto, y discutiendo hoy con el Ing. Echeverría, llegamos a algunas conclusiones:
1. Estos grupos están unidos por algún tema ideológico como la religión (o un colegio religioso en su defecto).
2. Estos grupos tienen miembros de ambos sexos.
3. A lo largo de la vida de este grupo, todos han sido novios de todos y todos han sido agarres de todos (y en los márgenes dejamos que todos se quemaron el rancho con todos).
4. Todos los miembros de este grupo parecen tener mala memoria o una capacidad de negación que sorprendería al mismo Freud. Esto los hace olvidar que todos le dieron parejo y en grupo, pero por separado.
Reflexionando sobre esto, recordamos las palabras que este ícono del kitsch que es el colocho dijo alguna vez 'amaos los unos a los otros como yo os he amado'... típico que la mara oyó 'pónganse parejo'
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lunes, 9 de noviembre de 2009
miércoles, 28 de enero de 2009
Cuadros de costumbres: Un acercamiento antropológico a la Selección Guatemalteca de Fútbol

Nada ejemplifica tanto la emoción de ser un guatemalteco como un partido de "La Sele". La emoción creciente del Juan Chapín promedio crece a medida que el comienzo del partido se acerca. Es más, sólo pensar en el juego hace palpitar su corazón bajo la camisola azul y blanco -comprada en la sexta- con la esperanza de que tal vez "hoy si ganamos".
Con una Gallo en la mano y la bolsa de Tor-Trix en la otra mira caer el primer gol del oponente. Sentado en la orilla del sofá ve el segundo y el tercero en contra. ¡GOL! ¡GOOOOOOOL! Se escucha retumbar por todo el territorio nacional cuando anotan el descuento. Con el alma de un hilo y los ojos en el cronómetro en la esquina superior izquierda de la tele vemos pasar el minuto 47 del segundo tiempo abajo en el marcador, esperando un milagro.
El estrés aumenta y la decepción se hace ver, pero el deseo de ver nuestros colores en un Mundial son más fuertes que la realidad y Juan Chapín grita improperios contra los trinitarios que más de una vez nos han descalificado.
- ¡Ahhhh Árbitro cerote! ¡Pero si esos hijos de puta son unos coches para jugar! Mejor hubiéramos jugado en San Marcos otra vez, solo así les ganamos a los caribeños.
Finaliza el partido y hay que guardar los cuetes. Y Juan Chapín cuelga la camisola en el ropero hasta el próximo partido mientras piensa "Jugamos como nunca... Y perdimos como siempre".
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